En este sentido, defendemos que sólo en la presencia de un conjunto de personas suficientemente motivadas para intervenir en los medios se puede asistir a un verdadero panorama participativo, aunque varios investigadores han subrayado que aún vivimos en un clima de cierto silencio participativo (Pinto, 2009) o que la participación mediática es peligrosa porque puede destacar de alguna manera las mismas voces y los mismos protagonistas (Buckingham, 2003). (…)
Con independencia de que ya se ha hablado de la tónica que la política aporta al concepto de participación, Evelina Dagnino (2004) propone un concepto ‘despolitizado’ de participación, en el cual indica que los organismos mediáticos deberían dedicar parte de sus producciones a las temáticas de la desigualdad social y la pobreza, para que los medios puedan ser el áncora revolucionaria cuya fuerza principal sea la intervención de los ciudadanos. En esto sentido, ya vemos otra dimensión en el concepto de participación: la moralidad, aparte de la cuestión de la motivación subrayada anteriormente.
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