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Nos referimos a la reputación, a lo que nos hace creíbles a nosotros y creíbles a los otros, a lo que hace que apostemos por una organización o valoremos un producto o un servicio. Y estamos hablando de la reputación en el sentido mas noble de la palabra. No de la fabrica de ilusiones, ni del marketing político, ni de la comunicación tramposo, etc. etc..
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En la era de las multitudes inteligentes la reputación tiene muchisimo que ver con la reputación en linea. Que nuestros nicks arrastren a nuestras personas, que nuestras operaciones de circulación de información y de transacciones en red puedan ser validadas y certificadas, incluso que nuestra múltiples personalidades, humores y variedades puedan estrecharse sin contradecirse.
La reputación no es otra cosa sino el punto de convergencia entre tecnología y cooperación. Hacer lo mismo mas rápidamente es gattopardismo bendecido digitalmente. Si el futuro de la red (en especial en sus modalidades inalámbricas y distribuidas) se nos antoja tan venturoso (mientras que al contrario al magma social lo vemos cada vez mas enrarecido) es porque el efecto potencialmente transformador de conectar las proclividades sociales humanas a la eficiencia de las tecnologías de la información permite la cooperación en escalas impensadas hasta ahora.