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El desequilibrio mundial que provoca el desarrollo tecnológico del conocimiento aplasta a las culturas más débiles, porque les resulta muy difícil contrarrestar la fuerza de representación de estas tecnologías. Esta desigual batalla intercultural pone en serio riesgo de desaparición a las culturas con menor acceso a las tecnologías. Como el propio Contreras dice al inicio del libro: “Estas interpretaciones nacen y se detienen en el estudio de las dudas abiertas y apenas resueltas que la disciplina sobre cultura y comunicación plantea en el fenómeno actual de choque entre culturas y mentalidades” (p. 9). Unidos a la expansión económica, como Industria Mediática, los medios de comunicación han evolucionado en la dirección de convertirse en intérpretes en exclusiva del entorno humano. En la actualidad, las explicaciones sobre el mundo son mediáticas y los nuevos medios cambian de formato para ajustarse a un modelo universal, que pueda ser comprendido y aceptado por la mayor parte de la población mundial. Así, los medios de comunicación se han convertido en las nuevas instituciones de sentido, a los que hemos cedido la legitimidad para decidir la dirección de las actividades sociales e individuales, o lo que es lo mismo “las tecnologías de la información promocionan el progreso social, cultural y económico en las sociedades occidentales. Los medios de comunicación, los órganos públicos y las corporaciones privadas sostienen que sólo es posible el progreso con un modelo económico basado en este orden tecnificado” (p. 39).