Lo que mejor distingue esta forma de investigar que llamamos etnografía es que se trata de una vivencia y no sólo de un método de investigación. El periodo de trabajo de campo en toda investigación empírica es un momento de dedicación especialmente intensivo sea cuál sea el procedimiento de recogida de datos. Pero en el caso de la investigación etnográfica esta experiencia vivida durante el trabajo de campo es precisamente el elemento distintivo de la investigación. A través de un periodo largo de inmersión en el ambiente objeto de estudio, del establecimiento de una red de relaciones sociales con los miembros que forman parte, el investigador tiene que ser capaz de entender el significado de las acciones que mueven a los individuos del ambiente estudiado, comprender sus objetivos y sus motivaciones. El éxito del proceso de observación se hace evidente cuando este observador intruso es capaz de aprehender la realidad que lo rodea y de explicarla no superficialmente ni aparentemente como lo haría un mal periodista sino profundizando en las corrientes internas que le dan sentido y que a menudo demos por descontadas y naturales.
Como todos los procedimientos orientados hacia la comprensión profunda de los fenómenos sociales, la etnografía es una forma de investigar que responde muy adecuadamente a estrategias de investigación de cariz inductivista y se ha demostrado cómo un instrumento idóneo para abordar problemas sobre los cuales hay poca literatura científica. La vivencia etnográfica supone hacer equilibrios entre el papel de participante del mundo social y el de científico observador y distante. Por una parte se quiere conocer la realidad tal como la conocen y la viven los que son protagonistas o participantes pero del otro sin perder la distancia del observador científico social.