El discurso en la world wide web es un campo menor tanto en las investigaciones semióticas como en el análisis crítico del discurso.
Por eso tiene mayor valor que dentro de grupos de investigación más orientados a otros textos se afirme, como hace José Luis Orihuela que el hipermedia nos está cambiando los objetos de estudio y también las maneras en que estudiamos. Y nos cambia a todos, incluso a aquellos que dejan el discurso digital en un segundo plano o lo aplazan a un futuro indefinido.
Coincido en el primer plano que está tomando lo social con respecto al texto como dice el Doctor Orihuela. Pensemos cómo cambia la lectura ya que el documento viene recomendado, subrayado o etiquetado (etc.) en las plataformas digitales que nos lo ofrecen. A modo de una “arquitectura social” sobre la estructura impresa por el/a autor/a a las secuencias o ideas.
Junto a la constancia digital de marcas sociales en los textos, contamos con marcas de las aplicaciones digitales que operan sobre ellos: los textos se convierten de formatos escritos a visuales y viceversa, en visualizaciones o nubes de etiquetas. Se adaptan o se anticipan en la traducción automática o en la sugerencia en línea en cuanto empezamos teclear una búsqueda.
Las macro y microestructuras de lo que se dice no sólo se están ajustando a los límites de líneas de estado, muros o tweets (140 o pocos más caracteres) y otras condiciones redaccionales de los textos web. Se componen y organizan en géneros diferentes según alcanzan éxito y difusión jergas y fórmulas de decir, los nuevos géneros o cibergéneros. Se puede seguir afirmando que no alcanzan la solidez y la duración de los clásicos, pero dan toda la impresión de estar mejor ceñidos a la duración de la atención y los acompañamientos de información móvil en nuestra movida vida cotidiana.
Con el aumento de la importancia del contexto sociocultural, y no sólo de la situación concreta en la que nos hablamos, pasamos del interés por la lengua o por el texto al interés por la comunicación. En la comunicación digital además aceptamos ampliaciones del contexto más allá del momento sincrónico de una lectura y sin limitarnos a la cultura que lo enuncia. Un análisis del discurso web se sale de fronteras culturales cerradas. Tampoco tiene, en principio, por qué restringirse a una época o al presente.