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(…) debemos dejar de creer que hemos llegado a la sociedad del conocimiento. De hecho, hemos llegado a la sociedad de los conocimientos separados unos de otros, lo que nos impide relacionarlos para concebir los problemas fundamentales y globales, tanto de nuestras vidas personales como de nuestros destinos colectivos.
Finalmente, también debemos disipar la ilusión según la cual nuestro conocimiento, incluido el científico, es plenamente racional. De hecho, existen diversas formas de racionalidad (…).
Así, la ceguera consecuencia de conocimientos parcelados y dispersos, ceguera propia de una visión unidimensional de todas las cosas, se hermana con los espejismos de la sociedad del conocimiento y del pleno empleo de la racionalidad.
Si nuestras mentes siguen dominadas por una manera mutilada y abstracta de conocer, por la incapacidad de captar las realidades en su complejidad y su globalidad, si el pensamiento filosófico se aparta del mundo en lugar de enfrentarse a él para comprenderlo, entonces, paradójicamente, nuestra inteligencia nos ciega.
Finalmente, también debemos disipar la ilusión según la cual nuestro conocimiento, incluido el científico, es plenamente racional. De hecho, existen diversas formas de racionalidad (…).
Así, la ceguera consecuencia de conocimientos parcelados y dispersos, ceguera propia de una visión unidimensional de todas las cosas, se hermana con los espejismos de la sociedad del conocimiento y del pleno empleo de la racionalidad.
Si nuestras mentes siguen dominadas por una manera mutilada y abstracta de conocer, por la incapacidad de captar las realidades en su complejidad y su globalidad, si el pensamiento filosófico se aparta del mundo en lugar de enfrentarse a él para comprenderlo, entonces, paradójicamente, nuestra inteligencia nos ciega.
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Los medios son objetos complejos, que operan socialmente desde diversas dimensiones (económica, política, cultural, social, tecnológica, organizacional, profesional, etc.), articuladas en un mismo entramado histórico social, que se desenvuelven en el transcurrir del tiempo histórico (Sánchez Ruiz, 1992). Si a esto sumamos que muchos de los objetos de estudio de, por ejemplo, los llamados estudios cultur a l e s , s o n p ro c e s o s s o c i a l e s complejos, debemos llegar nuevamente a la conclusión de que la llamada comunicación es un cruce de múltiples caminos: Posiblemente la formulación de Wilbur Schramm (1973) en los sesenta, de que el campo de la comunicación es más que nada una encrucijada, a la que potencialmente pueden concurrir y contribuir todas las ciencias sociales y humanas, siga teniendo vigencia.
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I believe that the intellectually serious study of communication should be transformative for the social sciences,” said Craig Calhoun in his keynote to the 2011 ICA Annual Conference in Boston, thereby capturing in a single sentence our ambitions for the field (intellectual! transformative!) and yet also our doubts (serious? should?). Three years ago, in my presidential address to the 2008 ICA Annual Conference in Montreal, I argued, relatedly, that everything is mediated—from childhood to war, politics to sex, science to religion—and more so than ever before. As media and communication technologies increasingly shape every sphere of social life from the global and public to the most intimate, from the weirdest niche fandom to the hugely profitable mass market, it is arguable that claims once reserved for historically embedded forms of mediation (notably, language, myth, laws, money) now also apply to the texts and technologies of the converging digital environment. Nothing escapes their imprint. Nothing remains unmediated, in the raw. No strict boundary can be drawn between the offline and the online. Knowledge is power, and in the knowledge society the power to represent is all. Why, then, the doubt? Surely, widespread recognition from other social sciences and humanities departments is imminent, and they will all beat a path to our door to gain our accumulated wisdom.
Encuesta para ver cómo quieren los buscadores académicos los investigadores
http://blog.odysci.com/2011/03/search-habits-of-researchers/
vía Fernand0
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volunteers are making a real contribution, as Alex’s article documents. But, in many of the projects Alex discusses (and that I discuss in my manuscript), the volunteers are doing work for which they need no scientific training. They are doing the work of science — gathering data certainly counts — but not the work of scientists. But that’s what makes it such an exciting time: You don’t need a degree or even training beyond the instructions on a Web page, and you can be part of a collective effort that advances science.
Happy Planet Index, wikipedia
la riqueza no da ni la sabiduría ni la felicidad
de lo que leía sobre capital p2p
Oct. 20, 2010 at 9:50am with 1 nota
Reblogueado desde opaco
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La ciencia económica ha intentado poner entre paréntesis la naturaleza profundamente subjetiva de los comportamientos económicos con el objetivo de asegurar sus pretensiones de ciencia exacta y favorecer el desarrollo de su matematización. La crisis parece sugerir que había otros derroteros posibles, por ejemplo, lo que podríamos denominar la vuelta a una economía de las pasiones. Se percibe un deseo de recuperar una visión integral de la economía como una realidad antropológica y social, que tome en consideración las pasiones humanas y las repercusiones sociales, más allá de los modelos abstractos al uso. El retorno a las pasiones en el vocabulario económico es una vuelta a los orígenes del pensamiento económico que desde Adam Smith situaba a la economía en un contexto antropológico. La autonomización de la economía como disciplina académica es tributaria de una interpretación extremadamente ingenua del campo económico. No hay relaciones económicas sin instituciones, sin Estados, sin regulaciones, sin lenguaje ni cultura. Es preciso que la economía vuelva a ser una ciencia social e histórica, que recupere su alianza con la filosofía social y política, y no utilice la modelización matemática más que de manera accesoria e instrumental. Si los economistas más cercanos a la política o a la sociología se han equivocado menos con la crisis es, de entrada, por esta razón. Dado que la crisis económica se debe a una disociación entre lo económico y lo social, se requiere ahora un pensamiento económico que entienda la vinculación entre ambas dimensiones de la actividad humana. Es la hora de volver a quienes han considerado siempre la economía como una ciencia social y no como una ciencia exacta. Aplicar teorías al mundo real exige dominar un gran número de conocimientos sobre la política, la historia y el contexto local. Así lo entendieron Smith, Marx o Keynes, que tenían en común haber pensado la economía como un sistema de relaciones y no como una simple colección de mercados yuxtapuestos.
