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Todos los fines, todos los objetos valiosos, instituciones y prácticas sociales implicadas en un problema deben tenerse en cuenta”. Cit. en Sánchez de la Yncera, Ignacio (1991). Interdependencia y comunicación. Notas para leer a G.H. Mead. Reis, 55, pp. 133-164.
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En nuestro caso, una vez decidimos utilizar la aproximación etnográfica para el estudio de la interacción mediada por ordenador, uno de los primeros problemas que surgen es cómo delimitar el campo de estudio, la localización empírica de nuestra investigación. ¿Dónde empieza y dónde termina el contexto de investigación? El método etnográfico consiste en la estancia prolongada en un lugar concreto, dónde el investigador comparte plenamente la vida de una comunidad o grupo social.
En el ciberespacio, no podemos plantar nuestra tienda en un canal de chat esperando recoger todos los aspectos de una vida en común, ya que lo que recoge la pantalla son interacciones entre personas que entran y salen del canal y están, a su vez, en contextos sociales diversos y en distintas conversaciones simultáneas. En los chats, los participantes no pasan la mayor parte de su vida conectados a la red. Por tanto, ¿deberíamos seguir sus vida fuera de la pantalla?
Además, esta no es una característica exclusiva del ciberespacio, puesto que en nuestro mundo urbano, globalizado e interdependiente, la mayor parte de las relaciones no están restringidas ni limitadas por el marco de una comunidad cerrada. Marcus (1995) propone la idea de una etnografía multisituada, que trascienda la necesidad de situar el trabajo etnográfico en una unidad de análisis territorialmente delimitada, y permita al etnógrafo seguir a la gente, a los artefactos, a las metáforas,
historias o conflictos allí donde se produzcan, sin quedar atado a la necesidad de mantener su unidad de análisis en una determinada zona geográfica o en un determinado contexto. Mientras autores como Wittel (2000) reclaman ubicar el análisis de la actividad en línea en los contextos “físicos” locales, la etnografía virtual, nos dice Hine (1998), es “asituada” en la medida que nuestro objeto de estudio no está en el texto que vemos en la pantalla, pero tampoco detrás de ella. Nosotras situamos
nuestro objeto de estudio fuera del texto escrito en la pantalla, para irlo trazando a partir de la mediación entre nuestra experiencia, el registro textual y nuestras anotaciones de campo. El objeto de estudio era así una construcción teórica, fruto de nuestra observación participante, que se iba dibujando a partir de la interacción que manteníamos con nuestras informantes.
En el ciberespacio, no podemos plantar nuestra tienda en un canal de chat esperando recoger todos los aspectos de una vida en común, ya que lo que recoge la pantalla son interacciones entre personas que entran y salen del canal y están, a su vez, en contextos sociales diversos y en distintas conversaciones simultáneas. En los chats, los participantes no pasan la mayor parte de su vida conectados a la red. Por tanto, ¿deberíamos seguir sus vida fuera de la pantalla?
Además, esta no es una característica exclusiva del ciberespacio, puesto que en nuestro mundo urbano, globalizado e interdependiente, la mayor parte de las relaciones no están restringidas ni limitadas por el marco de una comunidad cerrada. Marcus (1995) propone la idea de una etnografía multisituada, que trascienda la necesidad de situar el trabajo etnográfico en una unidad de análisis territorialmente delimitada, y permita al etnógrafo seguir a la gente, a los artefactos, a las metáforas,
historias o conflictos allí donde se produzcan, sin quedar atado a la necesidad de mantener su unidad de análisis en una determinada zona geográfica o en un determinado contexto. Mientras autores como Wittel (2000) reclaman ubicar el análisis de la actividad en línea en los contextos “físicos” locales, la etnografía virtual, nos dice Hine (1998), es “asituada” en la medida que nuestro objeto de estudio no está en el texto que vemos en la pantalla, pero tampoco detrás de ella. Nosotras situamos
nuestro objeto de estudio fuera del texto escrito en la pantalla, para irlo trazando a partir de la mediación entre nuestra experiencia, el registro textual y nuestras anotaciones de campo. El objeto de estudio era así una construcción teórica, fruto de nuestra observación participante, que se iba dibujando a partir de la interacción que manteníamos con nuestras informantes.
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El enfoque de la domesticación también proporciona un conocimiento de los medios como objetos culturales -como productos que los usuarios adoptan no sólo en términos de su uso de servicios o contenidos, sino también como tecnologías, artículos, objetos de consumo. Además, continúa acentuando la importancia del contexto de uso. Así, este enfoque se ha utilizado reiteradamente como marco etnografías de medios móviles (por ejemplo, Oksman, 2006), especialmente al preguntarnos sobre cómo algo se integra en la vida diaria, cómo comienzan a establecerse las reglas (véase Lasen 2006), cómo ciertos aspectos de las tecnologías (o incluso las tecnologías en su conjunto) devienen “naturalizadas”.
El propio Haddon (2001) se cuestionó finalmente, si el hecho de que ahora nos ocupemos de tecnologías móviles cambia en algo el enfoque de la domesticación. Su respuesta es que pueden encontrarse multitud de estudios muy parecidos en su enfoque (y, a menudo, también en sus resultados) a los primeros trabajos sobre domesticación.. Según Haddon, no existe una necesidad específica de adaptar (y reaplicar) el marco de la domesticación a los móviles. Sin embargo, lo que él no reconoce totalmente es la especificidad del enfoque de la domesticación, en concreto, en la idea del límite del hogar. Su revisión sigue siendo así insuficiente en términos de la naturaleza etnográfica del enfoque de la domesticación. De igual manera se ignora la idea de la doble articulación de los medios como contenido y como objeto (Harmann, 2006) Muchas de las etnografías de los medios móviles o no tienen en cuenta el contenido o se limitan a formas muy concretas de contenido (tales como el uso de MMS).
Bakardjieva y Smith (2001), por otra parte, proporcionan un intento por extender el marco de la domesticación al presente con respecto al contenido. Aunque no analizan las tecnologías móviles en particular (ni el tema de la movilidad), comienzan a ocuparse de las redes sociales más allá del hogar. En sus estudio de usuarios domésticos de Internet, incluyen éstas como un factor importante. Exploran los procesos que sus participantes emplean para conformar Internet, en parte observándolos directamente mientras usan Internet, pidiéndoles también que muestren su historial de Internet vía favoritos y con el método de “pensar en voz alta” mientras navegan. Su comportamiento, pues, se relaciona con las circunstancias socio-biográficas, es decir, encaja en marcos más amplios.
El propio Haddon (2001) se cuestionó finalmente, si el hecho de que ahora nos ocupemos de tecnologías móviles cambia en algo el enfoque de la domesticación. Su respuesta es que pueden encontrarse multitud de estudios muy parecidos en su enfoque (y, a menudo, también en sus resultados) a los primeros trabajos sobre domesticación.. Según Haddon, no existe una necesidad específica de adaptar (y reaplicar) el marco de la domesticación a los móviles. Sin embargo, lo que él no reconoce totalmente es la especificidad del enfoque de la domesticación, en concreto, en la idea del límite del hogar. Su revisión sigue siendo así insuficiente en términos de la naturaleza etnográfica del enfoque de la domesticación. De igual manera se ignora la idea de la doble articulación de los medios como contenido y como objeto (Harmann, 2006) Muchas de las etnografías de los medios móviles o no tienen en cuenta el contenido o se limitan a formas muy concretas de contenido (tales como el uso de MMS).
Bakardjieva y Smith (2001), por otra parte, proporcionan un intento por extender el marco de la domesticación al presente con respecto al contenido. Aunque no analizan las tecnologías móviles en particular (ni el tema de la movilidad), comienzan a ocuparse de las redes sociales más allá del hogar. En sus estudio de usuarios domésticos de Internet, incluyen éstas como un factor importante. Exploran los procesos que sus participantes emplean para conformar Internet, en parte observándolos directamente mientras usan Internet, pidiéndoles también que muestren su historial de Internet vía favoritos y con el método de “pensar en voz alta” mientras navegan. Su comportamiento, pues, se relaciona con las circunstancias socio-biográficas, es decir, encaja en marcos más amplios.